Los que sembraban con lágrimas Imprimir
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Escrito por Francisco   
Jueves, 14 de Enero de 2010 15:55

Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre canciones.

        Después de lo ocurrido hace ya trece años, tengo ánimos de recoger por escrito la experiencia más dolorosa de mi vida; si no hubiese sido por la palabra del Señor, si no hubiese estado viviendo la fe en comunidad, no lo hubiese podido soportar sin derrumbarme. El salmo 126 “…los que sembraban con lágrimas, cosechan entre canciones. Aunque iban llorando al llevar la semilla, vuelven contentos, trayendo las gavillas” se ha hecho carne en mi historia.

 

       Me siento animada a escribir, después de una profunda conversación que mantuve con mi  nieta, el  sábado 11 de abril. La visito en la Aldea, lugar en el que vive después de que falleció su madre a causa de mi hijo, su padre. Tuvimos la oportunidad de hablar porque ese día solo habíamos ido a visitarla mis hijas y yo. No estaba su hermano, mi nieto, porque trabajaba y ella estaba acompañada de su, en ese momento, pretendiente. Me preguntó, con furia, cómo podía yo querer a mi hijo después de lo que había hecho. Mis hijas Laly, Guacimara y yo con muchísimo cariño tratamos de aclarar sus dudas. Mientras le explicaba, no pude evitar que me saltaran las lágrimas. Judit, mi nieta, me abrazaba, me besaba y me decía: “no llores abuela, ¡cuanto te quiero!”. Que alegría tan enorme sentí dentro de la tristeza más profunda, fue la primera vez que mi nieta me dijo que me quería siempre me había abrazado y besado, pero fue la primera vez que me dijo que me quería. Mi nieta terminó la conversación muy relajada y aliviada.  Me dijo que cuando  fuera mayor iría a verme a mi casa y que le gustaría preguntar a su padre porqué lo hizo. Ahora mismo, no me visita en mi casa por no herir los sentimientos de sus abuelos maternos, que han sido los que la han criado y educado como unos auténticos padres. La actitud de mi nieta ha cambiado, la siento más cercana.

     El miércoles santo, 8 de abril, en la celebración penitencial compartí con la Comunidad de la Palabra esta experiencia.

 

        Hace 13 años que estoy visitando a mis nietos todos los sábados que podemos, al principio los veía solo una hora,  en la playa de la Aldea (actualmente, en este lugar nos seguimos encontrando). Ahora, ya son mayores y van solos. Estos encuentros son muy satisfactorios tanto para los niños como para todos los familiares que me acompañan a verlos. Al principio, a mi familia se le hacía muy duro hacer un viaje tan largo (2 horas de ida y otra 2 de vuelta) para tan solo una hora. Gracias a la paz y al amor que El Señor ha ido poniendo en mí, éste encuentro, éste amor que sentimos ha sido posible.

 

      El día del funeral de mi nuera, mi nieta cumplió dos años, ese mismo día o días más tarde, no lo recuerdo con seguridad, celebrando la eucaristía en la comunidad, un  miembro de la Comunidad de Tenerife, se había encontrado con el texto de las Bienaventuranzas (Lc 6, 20-23) orando por la situación que yo estaba viviendo. Lo acogí como una Palabra de ánimo del Señor y hoy día sigue, éste texto dándome fuerza en los momentos más duros de mi vida.

 

        Mi nuera era una estupenda persona, su familia siempre nos ha tratado con respeto y en ningún momento nos hemos sentido rechazados por ellos. Mantenemos una comunicación muy buena.

 

        En muchas ocasiones, hemos sentido la nueva presencia de mi nuera. Mi hija Lali, muchas veces ha llegado a casa muy alegre porque en el momento de solicitar un trabajo oía el nombre o los apellidos de su cuñada. También en esos momentos de incertidumbre solía encontrarse con el texto: La multiplicación de los panes. El sentir a su cuñada cerca y la oración la llenaban de esperanza.

 

       Estar en la comunidad ha sido mi salvación, ha sido encontrar la perla que había estado buscando. Hoy gracias a esta perla, puedo seguir adelante y comprender más a las personas y a mis hijos.

      “No te dejes coger, ¡ánimo!, me decía Gloria Oliva poco antes de morir. Cuando oigo el salmo: El buen pastor me vienen a la mente sus palabras. El lunes, 15 de enero de 1996 falleció mi nuera Guadalupe y el lunes, 22 de enero Gloria Oliva la animadora del grupo del Lomo Cementerio del que formo parte.

      

       Mi hijo estuvo 7 años en la cárcel, su condena se redujo por buen comportamiento hoy vive solo en un piso que se ha comprado, no es feliz, vive por vivir, sin ilusión. Él no está bien, el trabajo le ayuda a “llevar su vida”. En estos momentos, le pido al Señor fuerza para poder ayudarle.

                                                              

                                                 Lala Flores 17/10/09

Comunidad de la Palabra